UNA INDAGACIÓN SOBRE EL ÉXITO EN EL AMOR CONYUGAL

 

CASTILLO, Gerardo: La camisa del casado feliz. El secreto de los matrimonios que funcionan. Editorial Amat, Barcelona, 2005

 

Muchos jóvenes de hoy tienden a casarse más tarde que en épocas históricas anteriores. Retrasan mucho la boda, y no siempre por imposibilidad de tipo económico (empleo precario, carestía de la vivienda, etc.). Hay al menos tres causas más: la sustitución del amor romántico por el “amor” utilitarista basado en el cálculo; el miedo al amor comprometido; el pesimismo con respecto a la posibilidad de una vida conyugal feliz (hay miedo a que el amor no dure, a llegar a cansarse de la vida en común, a fracasar en el matrimonio).

¿Por qué muchos jóvenes han cambiado la confianza por la desconfianza en el amor y en el matrimonio? En gran parte, porque la información que les suele llegar no es de historias de amor, sino de historias de desamor; no es de éxito conyugal, sino de fracaso conyugal. Un ejemplo: muchas tramas de series de televisión giran una y otra vez en torno a la infidelidad conyugal y al divorcio. Los jóvenes, de ese modo, acaban por creer que ya no existen amores fieles y matrimonios felices.

 

Un filósofo, J. A. Marina, ha realizado un  certero diagnóstico del actual pesimismo en el amor:El modelo de un amor feliz y duradero nos sigue pareciendo deseable, pero cunde la idea de que no es posible, por lo que es mejor no hacerse ilusiones y no aspirar a grandes cosas. Se vive, pues, en una decepción suave, a la defensiva, desengañados sin haber sido engañados previamente, escarmentados en cabeza ajena. Muchos de mis alumnos han vivido en sus casas los fracasos de sus padres, y temen repetirlos. Hay un monopolio de historias de decepción, y convendría recuperar la narrativa del éxito amoroso, porque también la hay”.

 

Existen miles y miles de matrimonios felices que permanecen en el anonimato como consecuencia de nadie habla de ellos. Ya es hora de convertirlos en buena noticia, no porque ellos lo pretendan o necesiten, sino porque lo necesita la sociedad a la que pertenecen, y en especial las nuevas generaciones, tan necesitadas actualmente de faros en medio de la niebla, de buenos modelos de identificación.

 

Esto fue lo que me movió a realizar una investigación orientada a detectar cuáles son, en la vida real, las claves de una vida conyugal lograda, exitosa, feliz. Pretendía conocer qué es lo que de hecho (no en teoría) suele dar resultado. Intentaba averiguar por qué algunos (o muchos) matrimonios “funcionan”. Como en el viejo cuento atribuido a León Tolstoy, quería encontrar “la camisa del hombre feliz” (en mi caso, la camisa del casado feliz). Esa ha sido mi modesta contribución a la hermosa tarea y estimulante reto que nos propone a todos J. A. Marina: “recuperar la narrativa del éxito amoroso”.

 

He aplicado una encuesta de ocho preguntas abiertas a una selección de 200 personas casadas (100 matrimonios) que conozco y que considero felices en su matrimonio (una felicidad que no es incompatible con conflictos y crisis que pueden considerarse “normales” a lo largo de toda vida conyugal). Tienen un mínimo de diez años de vida conyugal. No se les pedía que dieran opiniones y recetas sobre la vida conyugal, sino que contaran lo que habían vivido, que nos dijeran cuál es el secreto de una vida conyugal lograda.

 

La finalidad de este trabajo fue ayudar, con la información obtenida, a otros matrimonios. Se les puede ayudar mucho si se les da a conocer a tiempo cuáles son los factores que suelen estar presentes en los matrimonios que van bien (los factores  que contribuyen a la felicidad conyugal).

 

 Una segunda finalidad es infundir optimismo a muchas personas: hacerles ver que existen muchos matrimonios felices; que no hay que tener miedo a casarse si las cosas se hacen bien, porque el matrimonio no es lo que muchas veces se ha dicho con frivolidad: una lotería. El éxito o el fracaso conyugal no se puede atribuir simplemente a la buena o mala suerte; de algún modo cada matrimonio y cada cónyuge se va encontrando con el fruto de lo que sembró día a día; con un resultado acorde con la mayor o menor calidad de su amor y con su grado de entrega.

 

Hoy día es bastante frecuente el caso de quien considera que el fracaso de su matrimonio se debe siempre y sólo a haber elegido mal, por lo que, en consecuencia, busca la solución simplemente en un cambio de pareja. Pero la experiencia dice que, a pesar del cambio, el fracaso suele repetirse. Y se suele seguir repitiendo con sucesivos cambios de pareja: la pareja cambia, pero el mal originario subsiste (posible individualismo, egoísmo, amor posesivo, intolerancia, etc.). Las causas del problema no suelen estar fuera, sino dentro de uno mismo  y esto exige una actitud de reforma interior permanente en cada uno de los dos cónyuges.

 

La investigación realizada me ha permitido descubrir 20 factores que se repiten mucho y a los que los cónyuges consultados atribuyen el éxito de su matrimonio:

 

 Amor comprometido y de entrega que requiere esfuerzo diario:

1-Casarse para toda la vida: haber tenido claro que el matrimonio es para siempre.

2-La entrega total al otro cónyuge en la vida diaria: contar desde el principio con que habrá dificultades y que se pueden superar poniendo los medios.

 

 (Quien se compromete se autoobliga libremente a querer al otro “sin fecha de caducidad”. Es “quemar las naves”, apostar firmemente por esa persona y por esa unión. Con esa apuesta decidida las dificultades se relativizan y superan, las malas tentaciones se vencen, los defectos del otro cónyuge se minimizan y toleran. En cambio, el amor no comprometido está en todo momento supeditado a lo que ocurre; no tiene ninguna garantía de estabilidad. Es el amor del cálculo, de la conveniencia; es el ”amor ligh” (ligero, rebajado) que no acepta deberes, que no aguanta casi nada, que no resiste las dificultades normales de la vida conyugal y que está siempre dudando si sigue o si se baja en la próxima parada.

 

Amor creciente, siempre vivo y renovado:

3- Ser consciente de que el amor no es un hecho cumplido en el momento de la boda: es algo que se construye cada día, es una conquista permanente. Hay que recomenzar siempre, reestrenar el amor cada mañana, evitar “acostumbrarse” a vivir con el otro cayendo en la rutina. El verdadero amor sabe inventar, sabe renovarse con creatividad.

4- Utilizar recursos para mantener la relación en buen estado y prevenir posibles conflictos: hablar a tiempo, reconocer errores, saber disculparse, saber ceder (“dar el brazo a torcer”), llegar a acuerdos, ofrecer actos de desagravio, etc.

Amor no autosuficiente, que se deja formar y ayudar, que sabe aprender:

5-Contar con las ayudas sobrenaturales propias del matrimonio cristiano, que facilitan cumplir los deberes conyugales y superar los momentos difíciles.

6- El buen recuerdo de unos padres que se amaban de verdad como esposos.

7-Un buen noviazgo: trato personal, diálogo, sinceridad, conocimiento y respeto mutuo; orientado a un posible matrimonio.

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Amor que supera el “yo” y el “tú” para llegar al “nosotros”:

8- Ver siempre al otro cónyuge como lo primero o prioritario en la propia vida; darle atención preferente sobre otras personas e intereses.

9- Ser feliz como efecto de hacer feliz al otro cónyuge; vivir para hacerle feliz.

10- Compartir experiencias, problemas, estados de ánimo. Interesarse por las cosas del otro. Saber entrar en su mundo. Contar con  el otro al tomar decisiones.

11- Expresar abiertamente los sentimientos venciendo posibles falsos pudores y el miedo a confiarse totalmente en el otro cónyuge.

12- Ser amigos además de cónyuges.

13- Admirar al otro y mostrarle que se le admira.

14- Aceptar y querer al otro como es, sin pretender cambiarle o adaptarle a la propia forma de ser.

15- Convivir como personas que se quieren: sinceridad (no tener secretos con el otro), confianza, comprensión, respeto, buenos modales, delicadeza en el trato, saber callar, saber escuchar, no decir siempre la última palabra.

16- Buscar un rato cada día para estar los dos solos y conversar. Disfrutar de la íntima compañía. Hablar de todo y pasarlo bien juntos. Crear situaciones agradables que sean materia para los buenos recuerdos.

17- Cuidar cada día los pequeños detalles que hacen más grata la vida al otro.

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Amor positivo y flexible:

18- Resolver los conflictos en el día; no acostarse reñidos; dar el primer paso para hablar; saber reconocer errores, pedir perdón y perdonar.

19- En los enfrentamientos apelar a los buenos recuerdos y recurrir al buen humor, que desdramatiza los problemas y ayuda a ver la realidad por su lado más favorable.

20- Saber ajustar y afinar la relación amorosa ante los sucesivos cambios que, con el paso del tiempo, se van produciendo en la vida conyugal y familiar.