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Premio Planeta en 1983 y con una extensa obra publicada,
José Luis Olaizola nos descubre en su último libro
«De vuelta a Roma a través de Filipinas» (LibrosLibres) la
experiencia humana que supuso su primer contacto directo con el continente
asiático. Olaizola ha viajado a Asia para redescubrirnos con sencillez esa
espiritualidad universal que algunos en Occidente parecen olvidar: la que
hace más de 2.000 años enseñó Jesucristo y que, como predicaba san Jose
María Escrivá, es vieja y nueva.
• Olaizola ha escrito un libro de viajes en el que, aunque no esté muy de
moda, se dedica a hablar bien de la buena gente que el escritor siempre
encuentra en todas partes.
• Un viaje a las antípodas en el que se descubre la grandeza oculta que
tienen las vidas sencillas.
• El libro es como una novela por la que discurren las aventuras más
apasionantes: las de aquellas personas que luchan contra la injusticia y la
opresión de los más débiles.
- Creemos que éste es su último libro, aunque con un autor con una obra
tan extensa nunca se sabe…
- Sí, es mi último libro y hace el número 61, si tiene usted curiosidad de
saberlo.
- ¡Caramba, muchos son! ¿No cree?
- No sé qué decirle… es mi trabajo profesional, no tengo coartadas o
pretextos para no escribir y es lógico que si cada día me pongo a ello,
acaben saliendo unos cuantos libros.
- Y este último tiene un título un tanto cabalístico,
«De vuelta a Roma a través de Filipinas» ¿Qué tiene que ver Roma con
Filipinas?
- ¡Hombre! Con Roma tenemos que ver todos, y los católicos más
señaladamente.
- ¿Y para ir a Roma hace falta pasar por Filipinas?
-¡Ja, ja…! No necesariamente; es un juego de palabras del que me sirvo
aprovechando que, en vísperas de la canonización de san Josemaría Escrivá de
Balaguer, hice un largo viaje a Filipinas y, a continuación, fui a Roma a la
mencionada canonización; he ahí la concatenación y la razón del título.
- Y si no es indiscreción ¿qué se le había perdido a usted en Filipinas?
- Una amistad; tenía buenos amigos que me invitaron a visitarles y no
resistí la tentación. Además, Asia era un continente al que no había tenido
ocasión de viajar, me faltaba en mi periplo viajero, y así ya puedo decir
que he dado la vuelta al mundo, aunque sea por partes. Todos los libros de
viajes que he escrito son para hablar de la buena gente que hay por el mundo
adelante, aunque comprendo que no está de moda.
- ¿Qué es lo que no está de moda?
- Hablar de la buena gente. La buena gente vende poco. Soy de los que creen
que hay más gente buena que mala y, sin embargo, hasta a los buenos les
interesan más las historias de los malos. Pero yo, lo siento, prefiero
hablar de los buenos.
- ¿Y en Filipinas hay mucha gente buena?
- Muchísima y de gran calidad.
- ¿Gente del Opus Dei?
- Sí, claro, yo soy miembro de la Obra y me encanta contar cosas de la buena
gente que, conforme al espíritu que predicó san Josemaría desde 1928, lucha
por conseguir un mundo mejor. Bueno, en ese aspecto no nos diferenciamos de
los demás cristianos, lo cual es lógico porque «somos los demás cristianos».
- ¿Cómo calificaría este último libro suyo?
- Como una novela de aventuras, no olvide que esencialmente soy un
novelista, y por ella discurren las aventuras más apasionantes, las de
aquellas personas que luchan contra la injusticia y la opresión de los más
débiles.
- Pues que tenga suerte con su buena gente.
- Gracias.
Miguel Moreno
LIBROSLIBRES
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