«El
hombre occidental se ha convertido en un consumidor con una capacidad
crítica muy débil»
El Código Da Vinci ha sido el mayor éxito editorial de los últimos
tiempos y constituye un auténtico fenómeno literario de masas. No es, como
han sido otros grandes best sellers, un libro-florero: la obra de
Dan Brown no sólo ha sido leída sino, pese a ser una novela... ¡ha sido
creída! Enseguida surgieron en Estados Unidos –de donde provienen autor y
libro– estudios y títulos que recogieron los mil y un errores de toda índole
contenidos en sus páginas. El primer libro publicado en sentido idéntico,
pero en español y por un español, es el que acoge LibrosLibres gracias a la
pluma del abogado y periodista
José Antonio Ullate,
bien conocido en la prensa religiosa nacional.
«La verdad sobre El Código Da Vinci»
(LibrosLibres), va más allá de la mera crítica negativa, para convertirse en
un breve y enjundioso compendio de apologética católica de gran utilidad
para el lector.
– Una primera aclaración: «El Código Da Vinci», es una novela y todo el
mundo sabe que es una novela. Pero ¿Dan Brown ha tenido la intención
deliberada de hacer pasar su ficción como realidad, o ha sido «el mercado» o
los lectores quienes han otorgado tanto crédito a esta obra?
– «El Código da Vinci» es una obra de ficción, una novela de suspense. Con
independencia de otras valoraciones, es una novela que «engancha» y que
mezcla muchos temas que resultan interesantes para el lector: romance,
aventuras, intriga, pero también especulación sobre la figura de Jesucristo
y sobre la Iglesia católica. El propio autor ha confesado pública y
repetidamente que en cuanto novela, su libro es una obra de ficción, pero en
cuanto «contexto», los datos que da los ofrece como ciertos.
«LA APOLOGÉTICA NO ES UNA OPCIÓN, ES UNA
NECESIDAD»
– Por cierto que, según explica usted en su libro, ya hablar de «Da
Vinci» implica una completa ignorancia por el personaje que llevaba ese
«apellido», ¿no?
– Leonardo da Vinci nunca fue conocido, ni en su tiempo ni hasta hoy, como
«Da Vinci». Entonces como ahora, tanto en el lenguaje habitual como en los
textos sobre arte, nos referimos a él como «Leonardo» o «Leonardo da Vinci».
El asunto no es de gran importancia, si no fuera porque gran parte de la
«autoridad» de esta novela descansa sobre la pretendida pericia del autor en
temas de arte.
– Usted desmonta en su libro varias decenas de errores muy gruesos
(históricos, teológicos, filosóficos) de Dan Brown, que hacen pensar en un
texto muy poco serio. Sin embargo, afirma que se ha tomado el importante
esfuerzo de esta refutación «por respeto» al mismo Brown y a sus lectores.
¿No es una contradicción?
– Probablemente, en otro contexto, las afirmaciones de Dan Brown no
merecerían la más mínima atención. Pero desde el momento en que millones de
personas en todo el mundo se entusiasman con ellas o sienten cómo se
tambalean sus convicciones por la lectura del libro, me parece que no basta
con decir: «Son tonterías». Porque si lo son, son de una eficacia
descomunal. Por otra parte creo que en el mundo católico hay un déficit de
«racionalidad» a la hora de dar respuestas que entren en diálogo con el
mundo. No basta con decir «esto atenta contra mi fe», es necesario ir más
lejos, no sólo porque si queremos lograr un entendimiento con personas
ajenas a la fe necesitamos hablar en un lenguaje comprensible desde fuera de
la fe, sino porque, si no somos capaces de descubrir los fundamentos
racionales de nuestra vida de fe, estamos convirtiéndola en algo
incomprensible para nosotros mismos. La apologética no es una opción, es una
necesidad, antes que nada del católico que quiere seguir siéndolo.
«SE IGNORA CASI TODO SOBRE RELIGIÓN»
– Más allá de esos errores puntuales, ¿cómo podríamos denominar y definir
la ideología que subyace a «El Código Da Vinci»?
– Es un gnosticismo autocomplaciente, que exalta la sensualidad y la
irracionalidad. En pocas, palabras: la verdad no existe, el único criterio
es la satisfacción de las propias necesidades sensuales y afectivas.
– ¿Puede atribuirse su éxito a una peculiar conexión entre esa ideología
y las ideas predominantes en nuestro tiempo, o es mero resultado de una
buena técnica narrativa de «best-seller»?
– Brown es un escritor ágil y que domina el marketing literario. No es que
esta novela sea buena literatura, que no lo es. Pero tiene los ingredientes
que realmente forjan un best seller. Muchos, antes que Brown, con temas y
enfoques semejantes, lo han intentado con resultados discretos. Pero tampoco
se puede obviar un dato evidente: el lector medio de hoy lo ignora casi todo
en materia de religión.
– Entonces, ¿cree usted que «El Código Da Vinci» habría tenido el mismo
éxito en los años 40, 60 u 80?
– En absoluto. Libelos anticatólicos, también en forma de novela, los ha
habido desde hace siglos y sobre todo durante el siglo XIX y XX, pero aunque
en ocasiones causaron relativa sensación, su influjo era restringido. Si nos
ceñimos a España, la progresiva debilitación de la presencia de la Iglesia y
de la educación católica ha redundado también en la pérdida de lo que se ha
llamado la metafísica del sentido común. Por paradójico que pueda sonar, el
lector medio de hace cincuenta años era mucho más exigente que el actual.
«MARÍA MAGDALENA, EL PRIORATO DE SIÓN Y EL
CULTO DE LA DIOSA»
– Vamos a analizar someramente las tres grandes ideas del libro de Dan
Brown. Primera, la figura de María Magdalena.
– Santa María Magdalena es una figura excepcional entre los protagonistas de
los hechos que narran los Evangelios. Dentro de la tradición latina,
representa la mujer pecadora (no a la prostituta) que se convierte y cambia
de vida. Es uno de los grandes ejemplos de arrepentimiento que siempre han
tenido ante sus ojos los cristianos. Decir María Magdalena es lo mismo que
decir esperanza.
– ¿Qué hay de cierto en que su devoción fuese reprimida?
– En la fantasía de Brown, María Magdalena fue postergada y difamada por el
catolicismo, pero la realidad demuestra que el pueblo cristiano ha nutrido
una gran devoción por ella. No hay pues ningún fundamento para pensar que en
María Magdalena la Iglesia comenzó la represión de la mujer ni, como afirma
Brown, que la santa se hubiera unido carnalmente a Jesús y le hubiera dado
descendencia, progenie que según el autor, subsiste hasta hoy.
– ¿Qué dicen los Evangelios?
– Los mismos Evangelios dan testimonio de la gran importancia de esta santa
en la vida de Jesucristo: nos hablan de su radical conversión y fidelidad a
Dios y ella fue una de las tres Marías que estuvieron al pie de la Cruz y
cuando Jesús resucita es a ella a quien primero se muestra.
– Pasemos al Priorato de Sión.
– El Priorato de Sión es una organización clandestina que principalmente
existió en la mente de su creador, Pierre Plantard. En la novela, el
priorato es una institución fundada en la Edad Media por el cruzado
Godofredo de Bouillón y cuya misión es proteger el secreto de María
Magdalena y la pretendida descendencia carnal de Cristo. La realidad es que
esa organización se fundó en los años 50 del siglo XX y nunca se ha
demostrado que haya tenido más que algunas decenas de miembros. Además, el
propio Plantard desmintió el origen medieval de la organización así como la
descendencia de Jesús.
– Por último, la implacable persecución secular de la Iglesia Católica
contra el «culto de la diosa».
- No ha existido nada semejante al culto de la diosa de que constantemente
habla Brown. Es la etiqueta con la que él y muchos otros llaman a un
movimiento contemporáneo que exalta la vida sin otras ataduras que la
búsqueda del placer y la eliminación del sentimiento de culpa. Este tipo de
«espiritualidad» que abiertamente niega que la realidad sea comprensible,
que haya leyes naturales, y que erige como criterio el propio placer se ha
convertido en la religiosidad del momento. Conforme más decae la confianza
en el ser humano y en sus capacidades de conocer y de superarse, más nos
dedicamos a contemplarnos a nosotros mismos y a buscar los placeres más
refinados. La Iglesia no persiguió nunca a ese fantasmagórico “culto” entre
otras cosas porque no existió, pero Brown insiste constantemente en esa
persecución, sin fundamento alguno.
– La Iglesia ha tenido siempre adversarios y contradictores, pero ¿por
qué el nivel intelectual de las objeciones contra la religión católica decae
de manera tan alarmante?
– Cuando en el siglo II el filósofo Celso escribía un «discurso verdadero»
contra los cristianos, no jugaba limpio y tergiversaba las doctrinas
cristianas, pero por lo menos utilizaba un lenguaje comprensible y los
cristianos podían entablar un diálogo para responder a sus pegas. Lo
terrible es que hoy, un escritor que ataque al cristianismo, como Brown,
puede ahorrarse el esfuerzo de argumentar y le basta con construir las más
absurdas fabulaciones para que ¡millones de lectores queden conmocionados!
– Y eso, ¿por qué ocurre?
– La explicación es que después siglos de filosofías que negaban la
posibilidad de conocer la realidad tal cual es y últimamente una exaltación
del irracionalismo y de la espontaneidad, el hombre occidental se ha
convertido en un consumidor con una capacidad crítica muy débil.
«ES URGENTE DOTAR A LOS CRISTIANOS DE
FUNDAMENTOS MÁS SÓLIDOS»
– Su trabajo no es sólo una refutación de Dan Brown, también un completo
tratado de apologética. ¿Cómo ve hoy el papel de esta disciplina?
– He pretendido entablar un diálogo con los lectores de El Código más que
refutar a Brown. Para eso he buscado un terreno común en el que poder
entendernos. Efectivamente, en términos clásicos, ha sido un ejercicio de
apologética. Desde hace medio siglo, la apologética ha sufrido un
desprestigio enorme en el mundo católico, que ha coincidido con una pandemia
de «fideísmo», un abandono de los fundamentos racionales del dogma y una
exaltación de la experiencia religiosa subjetiva. El resultado no es sólo ni
principalmente la extinción de una disciplina que en ocasiones rayaba lo
artístico, sino que los cristianos, al haber descuidado la racionalidad de
su fe se han excluido de la vida social y se han visto a merced de un mundo
radicalmente hostil que ignora del todo la fe. Es urgente recuperar la
apologética porque es urgente dotar a los cristianos de un fundamento más
sólido que la mera experiencia.
«EL GNOSTICISMO SIEMPRE HA SIDO UNA
TENTACIÓN PARA LOS CRISTIANOS»
– La conclusión de su trabajo es una reflexión sobre el gnosticismo. ¿Está
extendida una cierta modalidad de esta perpetua tentación del pensamiento?
– El gnosticismo siempre ha sido una tentación para los cristianos, pero
hoy, precisamente por el desprecio de los fundamentos racionales entre los
cristianos, se ha extendido una versión de un gnosticismo superficial,
autoindulgente, que sigue manteniendo una cierta referencia a Cristo, pero
que ha vaciado su doctrina, convirtiéndola en algo vago, sin incidencia en
la vida.
– ¿En qué aspectos concretos de la vida práctica se plasma hoy ese
gnosticismo?
– La pretensión de «saberlo todo» sin tomarse el trabajo de aprender; el
desprecio de los aspectos intelectuales del dogma; la indulgencia total con
los propios comportamientos; la rebelión individualista, la falta de aprecio
de la ley y de la jerarquía, y sobre todo, en la cultura de la queja: ser
libre es hoy poder quejarse de todo.
«ENTABLAR UN DIÁLOGO CON LOS LECTORES DE EL
CÓDIGO...»
– Sobre las conspiraciones: ¿existen? ¿Pueden tener lugar conspiraciones del
calibre de la denunciada por Dan Brown? ¿Por qué parece un cierto público
tan dispuesto a creer en ellas, tanto más cuanto más extravagantes?
– Las teorías de la conspiración son una de las respuestas sociales cuando
quiebra el sentido común. Para muchas personas resulta reconfortante saber
que hay una instancia que resulta responsable de todo el mal y de toda la
frustración de sus vidas. Eso no quiere decir que no existan conspiraciones.
Buenas y malas. El verbo conspirar es una hermosa palabra que significa
«respirar con otro», compartir lo más íntimo con otros. Habitualmente se
habla de conspiraciones sólo cuando tienen un objeto ilegítimo. Lo que
ocurre con las conspiraciones es que no explican la presencia del mal. Los
catecismos clásicos identificaban con realismo a los tres enemigos del alma:
el demonio, el mundo, y la carne. Las conspiraciones pueden lograr muchas
cosas, pero no tendrán nunca el monopolio del mal, absolviéndonos de la
obligación de ser buenos.
– En alguna ocasión usted comentó que ha constatado el daño causado por
el libro a algunos lectores. ¿Podría citar algún ejemplo? ¿En qué medida
puede ayudar su libro a reparar ese daño?
Muchas personas se me han acercado hablándome del efecto turbador que les
había producido la lectura de «El Código Da Vinci». Eso me hizo pensar que,
más allá de la maldad o de los errores de aquel libro, lo que quedaba
patente era la fragilidad de muchas personas que ingenuamente se zambullían
en una lectura sin comprender los aspectos más básicos de la formación de la
opinión.
«La verdad sobre El Código da Vinci»
quiere entablar un diálogo con los lectores de El Código en el que se
reflexione sobre la formación del pensamiento, sobre el influjo de las
lecturas ocasionales, la intención de Brown con su novela, la consistencia o
no de sus argumentos y sobre cómo se puede tener una actitud positiva y a la
vez crítica respecto de la literatura y los medios de comunicación.
Carmelo López Arias
Libroslibres