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Un futuro de esperanza Vicente Oltra Es una realidad histórica y no mera especulación y futurología, que todo depende de nuestra Fe. Es real que depende de la fuerza de nuestra Fe pensar qué las cosas serán como tienen que ser, para que sean tal como las pensamos, ”Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esa morera…"arráncate y plántate en el mar", y os obedecería» San Lucas 17,5. San Mateo lo pone más difícil todavía (Mt 17,20): «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a aquella montaña que viniera aquí y vendría».
La Fe deberá descansar para todo en la voluntad del Señor. Pues si no entran –nuestros quereres- en los planes del Señor, ¿Para qué queremos que se realicen?
La Fe es la virtud que da pie a la Esperanza, pues no puede existir esperanza sin fe, y de la mano de estas dos, se da paso a la Caridad -con Dios, a quién hemos de amar sobre todas las cosas- y del que sin la Fe, nada es posible. También –por la caridad- “amar al prójimo como a nosotros mismos”, es recomendación que se nos da al inicio del Catecismo.
Es necesario recordar también que, acorde con lo dicho por Aristóteles en su obra “la Política y las Leyes”, en su Libro IV de “Ética a Nicómaco”, traído hasta nuestros tiempos por el aquinate, que fue el recopilador de la sabiduría de su tiempo -Siglo XIII-, quién a su vez la conoció de la mano de Maimónides judío y Averroes musulmán, y su entorno filósofico contemporáneos ambos que convivieron en la Córdoba de su tiempo y también de Avicena un intelectual persa a quién hoy aun se venera en el Irán islámico. Precisamente de ese buen cronista y sabio dominico Tomás de Aquino conocemos, esas virtudes llamadas cardinales y asumidas como propias por el Magisterio de la Iglesia, de: prudencia, justicia, fortaleza y templanza que son adornos necesarios a la persona que quiere alcanzar un digno estado de perfección y de felicidad al tiempo, pues son la base esencial del Derecho Natural y pilares del equilibrio personal, tal y como lo explicaba en su cátedra desde siempre el extinto profesor –catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia- José Corts Grau, nacido en el pueblo de Fortaleny, cerca de la ciudad de Sueca en la Provincia de Valencia (España).
El hecho central para un cristiano es la venida de Jesucristo. Todo podemos hacerlo depender, acorde con nuestra fe, del nacimiento de Jesús de Nazareth en el Portal de Belén el 25 de Diciembre del Año 0 (Cero) de nuestra Era.
Desde esa perspectiva intentamos dar una visión, al menos diferente, de lo que estamos acostumbrados a oír, pero que no dejará de ser una dimensión complementaria a los ojos de la fe y de la esperanza, como quiere expresar la hermosa encíclica del Papa Benedicto XVI “SPE SALVI” presentada cerca de la NAVIDAD-2007, y que sin duda ninguna tiene una claridad de ideas y sabiduría fuera de lo común, sobre esta y muchas otras materias relacionadas con la realidad teológica y la verdad de la Fe en Jesucristo, la segunda persona de la Santísima Trinidad por algo es el Vicecristo viviente en la Tierra, sucesor legítimo de Pedro en la Cátedra de Roma. La carta encíclica de la Esperanza. Las brillantes ideas que el Santo Padre Benedicto XVI nos ha dado al profundizar en la esperanza, un tema muy querido ya por los Santos Padres desde los primeros tiempos de la primitiva cristiandad, sobre la que se han escrito brillantes páginas en su historia, y sobre el que se asienta el quicio, de las tres virtudes teologales del Catecismo: Fe, Esperanza y Caridad, y de las cuatro virtudes cardinales de antecedentes aristotélicos, asumidas por la Iglesia Católica como buenas y que figuran en el Catecismo vigente de la Iglesia, al que podemos acudir para profundizar en estas siete virtudes y al que ya nos hemos referido. Quiero dar realce, si cabe, a la hermosura poética de la encíclica Spe Salvi que contiene detalles de novedad noticiable, y que es fruto del pensamiento y la intelectualidad de Benedicto XVI, nada exenta del cariño y la ternura de su poderosa fuerza de la infancia espiritual evangélica –si no os hacéis como niños...(Mateo 18, 1-5.10.12-14 )-, capaz de hacer los mayores descubrimientos y de darnos las más asombrosas sorpresas, cuando contemplamos al Dios de la Fe con esa ingenua mirada. Es del Papa la esperanza en su, a la vez madurez de años[1], relación de Amor con nuestro Señor Jesucristo y la Fe tantas veces dibujada y reflejada en todas las páginas del Antiguo y del Nuevo Testamento. La Fe es un don de Dios y hay que pedirla, con la fuerza del Apostol incrédulo, pillado infraganti, Tomás…ven y pon tu mano en mi llaga del costado…y no seas incrédulo, sino creyente. Y su respuesta: “Señor, creo, pero aumenta mi fe”[2] para que se nos conceda la gracia de tenerla. El Papa Benedicto XVI ha superado los 80 años, y sus dos últimas encíclicas son fruto de esa madurez, joven de espíritu, pero con la necesaria y no solo aparente, ingenuidad de la bondadosa y hermosura de la Fe que da la verdadera sabiduría, y que no da, solo los años. Y es ahí tras esa introducción, como quiero traer a mano el tema de, la relatividad del tiempo con el propósito que se verá enseguida. ¿Nos parece –todo ha pasado muy rápido- que hace un rato teníamos 18 años y sin embargo, ya hemos superado -de largo- los sesenta? La historia conocida real y escrita no supera los cuatro mil años, siendo el centro de esa historia, para los cristianos, en 2.007 d. de C., el nacimiento de Jesús en el año Cero. En 1950 a. de C. se datan los hechos bíblicos que vivió Abraham, al que se llega a través del Génesis y el Diluvio Universal, con un largo etcétera, y es en la Biblia y solo en ella, donde podemos contemplar esa página maravillosa de la Historia relacionada con el Dios de Mambré y la promesa del Señor hecha a Nuestro Padre Abraham consecuente con su Fe a toda prueba, hasta ser capaz de ofrecer a su hijo Isaac en holocausto, y el comentario de su descendencia, que según se cita en la Biblia, “será tan numerosa como las estrellas del cielo”. La Biblia es el mejor libro de historia que la humanidad ha podido escribir, no podemos encontrar nada mejor. Relata tiempos de amor y de odio, de guerra y de búsqueda de la paz, de bien –bondad- y de mal –maldad-, de nervio impaciente y de paciencia como nos muestra, entre otras, la ejemplar página del Santo Job. De todas las situaciones dadas en esos tiempos en los que el relator ha sido capaz de escribir y memorizar para nosotros aquí, y para el futuro más lejano. Hechos, consejos, salmos, pecados, malicias y amores, que de todo ha habido en los caminos del Señor. ¿No es esa la vida normal que se nos ha dado para vivir, también hoy? ¿O, es que los cuarenta años del ir y venir de los israelitas por el desierto, tras el paso del Mar Muerto a pie enjuto, antes de entrar en la Tierra prometida, purificados de todo, no lo recorremos todos los que vivimos en este valle de lágrimas? Algunos científicos ignoran lo evidente. La Tierra tiene –según la ciencia- cerca de 5.000 millones de años de existencia, y el Universo más de 15.000 millones de años. No es incorrecto esperar que el tiempo pueda ir hasta más allá de los próximos 15.000 millones de años, cómo mínimo, salvo acontecimientos no previsibles hoy. ¿Cuántas cosas esperan a las futuras generaciones en esos años, ahora ocultas a nuestros ojos, como lo estuvieron los inventos de los últimos cien años, que hoy ya podemos disfrutar?
Cuadro nº 1 Hace poco más de una década, celebramos el quinto centenario del descubrimiento de América. Hasta entonces en 1.492, los conocimientos geográficos eran escasos y era de general conocimiento aceptado, que la Tierra era plana, que arriba en el Cielo habitaba la deidad Celeste y abajo en el Infierno estaban las Tinieblas, y allí habitaban los reptiles y los más peligrosos monstruos. Poco tiempo tuvo que pasar para que se viera que no era así, y con el tiempo hemos descubierto la inmensa maravilla de la Creación, -cientos de millones de galaxias con cientos de miles de millones de estrellas en cada una de las galaxias-, que ahí está para que la dominemos, la sometamos, la habitemos y con ello alabemos al Dios Creador de todo lo que existe, visible e invisible, creado e increado. Todo para el uso, disfrute y desarrollo de esa criatura especial, que es el hombre. Capaz de todas las bondades y de todas las maldades, como sabemos, a través de los Santos canonizados o no; de los científicos con sus descubrimientos; y también de los malvados del diablo que con Satanás tratan de que nos arrastremos a sus pies como serviles sin libertad, esclavos de nuestros vicios e instintos, y del Príncipe de este Mundo que promete con las riquezas, saciar nuestras ambiciones, que nunca saciarán porque es de humanos no estar satisfechos con nada. Siempre deseamos más y más, y al final de nuestras vidas, viéndonos condenados a que nada podremos llevar con nosotros en ese último viaje, salvo el bien hecho, el amor de Dios, y la pasión por los otros –el prójimo, los pobres, los familiares…los vecinos y hasta el mismo enemigo-, y es bueno recordar con frecuencia la frase que dice… “y al final de la jornada el que se salva sabe, y el que no, no sabe nada”, porque si algo es cierto, es que hay un final de la vida y después…más allá, la Eternidad y a San Juan de la Cruz “al final de la jornada se nos examinará del Amor”. Si hemos sido capaces de llegar hasta aquí sin destruirnos, que de todo somos capaces…los hombres, con o sin Dios, con o sin esperanza. Dentro de nada desde la Eternidad, los que hemos tenido esperanza podremos contemplar, cómo las futuras generaciones, alcanzan mayores niveles de progreso. Viajan por el espacio, como ahora lo hacen por caminos, carreteras, vías fluviales y autopistas del aire por donde fluyen las aeronaves. Conquistan nuevos planetas y galaxias en las que habitar. Nuevas formas de viajar, con nuevas formas de energía, todavía no descubiertas y quizá relacionadas con la energía que nos permite, con el querer que es Poder -con la voluntad- superar dificultades, que en principio nos parecieron siempre insuperables y fueron superadas una y otra vez. ¿No será esa la energía futura? ¿Dónde reside la fuerza que sostiene todo el Universo en continua expansión? Ya hemos dejado escrito en nuestro libro “Un futuro de esperanza” (libro 1º de la obra Ecología Social), que en aquella larga tertulia de un fin de semana, llegamos a la conclusión tras profundo debate, de que: ¿Qué es la materia? No lo sabemos. ¿Será energía?; pero ¿Qué es la energía? Pues tampoco sabemos que es. Y finalmente llegamos a la pregunta clave final ¿Será todo “pensamiento”? Nos parece que aquí residen muchas de las cosas que nos pre ocupan. Realmente ¿Qué ES lo que somos, lo que tenemos, por lo que nos movemos…? Sabemos que la materia es totalmente vacía -micro y macrocosmos-, hecha de átomos que guardan un equilibrio entre ellos y determinadas formas convencionales para la percepción de nuestra vista y para la de nuestros sentidos. Pero ¿Es todo como lo percibimos ahora o todo evolucionará con el mayor conocimiento del Universo? Será posible viajar por el espacio, entre galaxias –sin necesidad de naves- solo con quererlo, porqué logremos dominar los medios y la energía límite. No es difícil desde esta perspectiva ver, que en el Universo caben cientos y cientos de miles de millones de hombres y mujeres. ¿Por qué los límites autoimpuestos por la ignorancia aparentemente sabia? ¿Acaso no es el hombre el centro del Universo y la criatura excelente? Acaso no ha dado Dios las lecciones de cómo comportarse para progresar y eso es el conocido conocimiento con el nombre de Derecho Natural, que es el resultado de la experiencia de miles de años de historia, que nos permite conocer cuáles son las reglas que nos permiten el crecimiento y el progreso social, cercanas al esfuerzo, la disciplina, el dominio de los instintos y la custodia de las conocidas Virtudes Teologales y Cardinales? ¿No tiene experiencia el hombre de cómo se superan todas las situaciones? ¿Acaso no se le ha dado al hombre la potestad sobre toda la Creación, y su disfrute en libertad? ¿Es que no sabe ya el hombre, derivado de esos miles de años de historia conocida, lo que produce el progreso o la decadencia y la destrucción social, de forma incontestable? ¿Por qué no se promueven las virtudes, y sin embargo muchos ambiciosos promueven, para beneficio propio la destrucción social, al tratar de que se repita la historia, evitando que se conozca por las nuevas generaciones lo ocurrido en otros tiempos pasados? Como ya deja dicho el escribidor, en el Eclesiastés del Antiguo Testamento: “vanidad de vanidades, y todo es vanidad…nada hay nuevo bajo el sol”. http://serrizomatico.blogia.com/2007/110101-nada-hay-nuevo-bajo-el-sol.php Solo la inteligencia de Dios, de la naturaleza, del hombre finalmente ha permitido la evolución tal cual la conocemos hoy, tras el curso de los últimos 15.000 millones de años. Dios está fuera del espacio y del tiempo. Está en todas partes, pues sin su presencia nada existiría, pues nada existe sin Él y su hálito de Vida. Pero Dios no “es” lo material -eso sería panteísmo-. Nosotros si somos materia. Pero también espíritu. El hombre es un compuesto de alma y cuerpo. Con la muerte, el cuerpo –la materia- se destruye, pero el espíritu vive. De ahí que cuando se separa el alma del cuerpo, el cuerpo se destruye, hiede, desaparece hasta convertirse en polvo, polvo cósmico, al fin materia, pendiente de ser reclamada al final de los tiempos por su espíritu propietario. En la Resurrección. Como dice la Biblia que ocurrirá cuando en el Valle de Josafat toquen los clarines anunciando la Resurrección: el alma –el espíritu- reclamará su materia que le es propia, y se formarán del polvo cósmico los huesos, y volverán los nervios sobre ellos, y luego los músculos y finalmente la piel y resucitando en un cuerpo glorioso, todos resucitaremos, como ya lo hizo Jesucristo, ahora en un Cielo nuevo y en una Tierra nueva, tal es la promesa de Jesucristo, que murió crucificado, que resucito al tercer día de entre los muertos y que nos aguarda a todos sus hijos en esa plenitud de los tiempos, la parusía. El alma volverá a habitar su cuerpo, siendo ya hombres y mujeres completos en cuerpo glorioso para toda la Eternidad en ese Cielo nuevo y en esa Tierra nueva.
El Dios existe, de Andrés Frossard. Un escritor y periodista francés, amigo de Juan Pablo II, tuvo una conversión a lo San Pablo, y de comunista convencido cuando entró en una iglesia de París salió católico converso y apóstol de las gentes y se explica en su libro “Dios existe yo me lo encontré”. Más tarde ocurre algo similar con la princesa Alessandra Borguesse de Italia. Pero….sigamos,
Cuadro nº 2 Es en 1968 con los hechos revolucionarios del Mayo francés cuando ellos graban a fuego la frase, “prohíbido prohibir” entre otras cosas, cuando tras Hitler, Lenin, Stalin, Mao, Castro, etc, y con las ideas de Marcuse, Derrida, Althusser y toda la pléyade de los postmodernistas, etc. se inicia lo que se ha dado en llamar la Deconstrucción Social. Para ellos es necesario terminar con todo lo que ha construido la sociedad actual, a partir de lo que nos prepararemos para reconstruir otra totalmente nueva y a la medida de sus entendederas que no se sabe las que son, pero qué estará al margen de los últimos dos mil años y de Jesucristo, y que será capaz de traer un N.O.M. (Nuevo Orden Mundial), como lo dijeron los del Club de Bilderberg en 1992, y promueven las Poderosas Multinacionales de la Pornografía –promoviendo: la pornografía en todo, por todo y en todos los medios; el sexo turístico incluso con niños; la homosexualidad y la pederastia; la trata de blancas; la inmigración ilegal, la droga, las mafias, etc. por dinero- y de la Cultura de la Muerte –el Aborto, la eutanasia, la esterilización masiva, la manipulación de genes y de embriones y todo por dinero-. qué ayudados por la inteligencia de la Masonería a los que financian, y las huestes mercenarias de la ONU intentan construir ese N.O.M. con un ejército y un gobierno, una policía, una justicia, y todo únicos para todo el mundo. Una dictadura que reclamaremos como locos y ansiosos de paz, como hicieron los europeos en 1933 al votar a Hitler. Es significativo que el Pensamiento Único y Políticamente Correcto sea tan abundante y que solo los informados y críticos con ellos, seamos capaces de aportar verdaderas razones y valores contrarios: “las virtudes”, a las que ellos llaman en un alarde de manipulación semántica, “emociones”.
Cuadro nº 3 Nosotros los cristianos, defendemos la FAMILIA y la VIDA contra ese Pensamiento Único políticamente correcto en la ONU y todas sus Instituciones incluida la UNICEF, que debiendo defender a la infancia como objetivo único, promueve también el asesinato de niños no nacidos: el aborto, la eutanasia y la esterilización masiva. Pero en esta ocasión la sociedad mundial, cuenta con la ayuda de la Iglesia Católica y la fuerza del Amor de Dios que devolverá a su lugar las cosas, tal y como las dibuja Benedicto XVI en su carta encíclica Spe Salvi. La esperanza que salva. Al igual que en la Conquista de América los conquistadores de la costa Este de la Nueva Inglaterra, los del pequeño barco May Flower, aquellos ingleses que arribaron allí en busca de la esperanza perdida en la Inglaterra de Cronwell, que les arrasaba a sangre y fuego en sus granjas y aldeas, para colocar en aquel horribilus formato de terror, su Pensamiento Único y políticamente correcto de la Inglaterra de su tiempo de puritanos y puritanismo. Con la Conquista del Universo ya se ve qué, ese Pensamiento Único –no el de Cronwell, sino el de nuestros días, el que la Triada nos quiere imponer a todo el mundo-, quedará obsoleto, pues lo que hará falta serán ciudadanos por centenares y centenares de miles de millones de personas que habiten en ese Universo conquistado. Ya nunca deberá sobrar nadie en el Universo, donde como aquí, todos seremos necesarios para llegar a ese cuasi infinito espacio. Es de esperar que entonces, los que se creyeron propietarios exclusivos no tengan cancha ni poder para excluir a nadie. Ahora podremos ir a la conquista de esa maravilla del Universo creado, no se sabe si solo para el hombre, esa criatura a la que creemos conocer y que da tantas sorpresas. Bienvenidas otras criaturas si las hay, pero sino y mientras las descubrimos y llegan, respetando el Derecho Natural, aquel de que hablaban el aquinate Tomas, y más tarde el profesor Corts Grau en la Universidad de Valencia, y que no es más qué: “las reglas aprendidas de la experiencia, por decantación de miles de años de historia a través de los cuales el hombre ha podido conocer aquellas actitudes y conductas que le permiten el progreso y también las que le llevarán a la decadencia irremisible”. Los manipuladores sociales no quieren que aprendamos historia para que repitamos las mismas experiencias erróneas, pero nosotros queremos ser parte de los que hablen de la Esperanza de la Humanidad, de los Derechos Humanos y del Derecho Natural a las futuras generaciones. DIOS sabe más, pero mucho más, que los pobrecitos ignorantes que se creen los listos de la Creación para los que Dios no existe, pues solo existen ellos y el Príncipe de este Mundo, el Diablo. Estamos a pocos días de la celebración del Nacimiento de Jesús en el más que modesto Pesebre de Belén, aquel lugar al que acudieron los pastores de la comarca, avisados por el ángel y al que llegaron unos días después, tras un largo y penoso viaje, guiados por la estrella de Belén como cuenta la leyenda, los tres Reyes Magos de Oriente, Melchor Gaspar y Baltasar. ¡Dios sabe más! Y nosotros orientados por la misma estrella tendremos la oportunidad en estas Navidades, de volver a celebrar tan magno acontecimiento. El Nacimiento de Jesús en el Portal de Belén, rodeado de La Virgen María y de José, y al calor de la mula y el buey y con el hermoso sonido del canto del coro de los ángeles, a la luz de las estrellas en aquella hermosa noche de Belén. Es de bien nacidos conservar el legado que recibimos de nuestros padres, que a su vez lo recibieron de otras generaciones anteriores. Nosotros queremos legar a nuestras futuras generaciones el legado de Esperanza que subyace en la celebración Navideña y en la Fiesta de los Reyes Magos, fiesta para los niños y para los padres que no se avergüenzan de serlo.
[1] Joven, como gustaba decirlo a San Josemaría Escriva cuando le preguntaban ¿cuantos años tiene?…y respondía con gracia…”poquets, poquets,….” así se dice en valenciano, pocos, pocos, quiso siempre tener la primera cifra de su edad, siete al final de su vida. [2] La acción de la gracia se ve clarísimamente en las conversiones repentinas. Son los casos de San Pablo y Andrés Frossard. San Pablo fue derribado al aparecérsele Jesucristo cuando iba camino de Damasco para perseguir a los cristianos. Y de perseguidor se convirtió en apóstol. Andrés Frossard entró ateo en una iglesia, en busca de un amigo, y salió creyente por una gracia tumbativa, a lo San Pablo.
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