Culpaciones y autocrítica
Ricardo Acirón
Es bastante
habitual que, ante los más diversos conflictos, las reacciones de los
actores de la vida pública sean invariables en la inocencia. Y aunque las
adversidades colectivas les conciernan, mucho o poco, lo inexorable será que
echen las culpas de todos los fallos a los demás, a los adversarios de
cualquier género: exculpándose ellos mismos. Bajo esa mentalidad, en alza,
progresista y progresiva, la autocrítica -valor humano y democrático en
tiempos no lejanos- puede degenerar en estantigua despreciable. Porque lo
que se lleva es disfrutar del entronizado podio de los triunfadores
sociales, al precio de lo que sea, aunque fuere a costa de la propia
dignidad. O a cambio del íntimo decoro. Si bien, por fortuna, no faltan las
excepciones.
A vuela pluma, apuntemos uno de los episodios inhibitorios. Y otro,
desacostumbrado, de asunción de ejercicio activo de responsabilidades, para
no cegarnos con los rotundos pesimismos. Ni tampoco incurrir en parcialidad.
Siempre cabe esperanzarse con las rectificaciones de cuantos, inicialmente,
se apresuran a despejar balones de su área gestora... Cuando las enmiendas
responden a la veracidad y la congruencia, naturalmente.
Sobre el informe Pisa no tendrían que alegarse pretextos vacuos. El estudio
revela que la educación española no ha mejorado en los últimos años. El país
ocupa la posición 31 de una lista de 57 naciones desarrolladas o emergentes.
Además, el también diagnosticado desequilibrio territorial interno en el
ámbito formativo obedecería a la diferencia de velocidades que experimentan
las comunidades autónomas, según la revista especializada Magisterio. De ahí
que la mitad norte de España se halle por encima de la media y la sur muy
por debajo de la de los territorios examinados.
Conocidas las referencias del análisis, la primera respuesta de la ministra
doña Mercedes Cabrera fue casi de corte victorioso, sublimatorio. La
extracto: no hemos de ver el suspenso del alumnado hispano de catastrófica:
nos igualamos a la normalidad de otros miembros de la OCD; sólo una pequeña
parte del informe se dedicaba a la lectura; son los padres los que carecen
del conocimiento requerido?Y los datos evidencian que la situación no es
responsabilidad de nadie porque proceden de la "historia de nuestra
educación". Ese comodín historicista, ¿supone la dejación de que en el
proceso educativo tiene que conjugarse el quehacer, constante y actualizado,
de las familias, de los escolares, del profesorado y de las Administraciones
educativas? Aguas atlánticas abajo, el fracaso escolar en Canarias, ¿también
debe endilgarse al pretérito y bastan las manipulaciones inversoras para
enderezar el futuro?
Dentro de la coherencia inteligente, anoto el documento del Círculo de
Economía de Cataluña. Aquellos empresarios se exigen más ambiciones y
adaptarse a los tiempos y coyunturas, en lugar de achacarles sus fracasos a
los políticos. ¿Qué opinan los victimistas isleños, sean de la política o de
la empresa?
Periodista y catedrático de Periodismo
de la Universidad de La Laguna
Publicado en la Opinión de
S/C. de Tenerife