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En ruta Pilar Cambra* Es muy poco lo que se sabe de los Magos -para empezar, lo de "Reyes" es una imaginativa añadidura; y lo de "tres", otra; y lo de Melchor, Gaspar y Baltasar, para qué te cuento-... Bien es cierto que menos es lo históricamente probado de Papá Noel y ahí lo tenemos al tío, al gachó del arpa, convertido en un ídolo de multitudes y ganando kilos de popularidad -y de tripa cervecera- en cada campaña navideña... Es el evangelista Mateo -el que era recaudador de impuestos, un oficio tan mal visto en tiempos evangélicos como hoy; Hacienda siempre ha tenido una prensa regulín, tirando a nefasta- el que narra: "Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos Magos procedentes de Oriente llegaron a Jerusalén diciendo: '¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo'..." Eso es todo. A mí, en estos días, me da, a veces, por meterme en la piel de estos hombres, los "magos" -¿sabios, astrónomos?- de Oriente... Es verosímil imaginarlos como verdaderas personalidades, respetadas y admiradas, de sus naciones... Posición acomodada, hogares confortables... Y, una buena noche, escrutando en cielo y los astros en los que eran expertos, hallan una estrella que, para ellos, tiene un significado tan importante, tan decisivo, tan crucial para sus vidas, que deciden liar el petate y ponerse en ruta... Imagino los comentarios de sus familias, sus amigos, sus conciudadanos: "Papá se ha rayao... Dice que se va siguiendo una estrella... ¿No se habrá pasado de consumo de vino caliente con especias?... ¿No lo notabais algo rarito ultimamente?"... Sin embargo, venciendo críticas, burlas, ironías y, sobre todo, pereza -muchísima pereza-, los Magos se lanzan al camino... Bueno, "camino" por llamarlo algo: riscos, montañas, frío, bandoleros, sed... Socavones que ni los del AVE de doña Maleni... Y, por fin, llegan a Jerusalén... En ese momento, para colmo de gafancia, la estrella se pira... De modo que los Magos, en lugar de regalarse con tres días de merecido descanso en unas termas de la capital -los spas del momento-, ¡hala: al palacio del rey Herodes, con fama de bestia parda, para hacer el ridículo!... Es de imaginar a la Corte, a los escribas, a los notables, dándose codazos de jolgorio ante estos guiris como cencerros que dicen que una estrella los ha guiado hasta allí en busca del rey de los judíos... De 'otro' rey de los judíos, porque el rey Herodes está allí presente, con la vena carótida poniéndosele morada como una berenjena por la ira... El caso, sin embargo, es que, el que resiste, gana; y alguien -con desgana y regodeo- dirige a los Magos a Belén... Y esa es la meta, gozosa y plena, de su fatigosa ruta... Ahora, creo, nos toca a nosotros... De "mera, mera fatiga" -como diría nuestra amiga Paloma, la mexicana-, tras un año estepario y erizado, uno ya está tentado de retirarse de cualquier pelea, de cualquier búsqueda, de cualquier esfuerzo que no tenga una rentabilidad inmediata... Uno abjura de sueños e ilusiones... ¿Estrellas?, ¿ponerse de nuevo en camino?, ¿abrir rutas al amor, a la amistad, a la compasión, a la generosidad? ¡Chorradas!: mucho corte-inglés, mucho langostino y mucho consumo. Etílico... Sobre todo consumo etílico. Sin embargo yo creo que ahora, fatigados y escépticos, es nuestro turno: de buscar y emprender la ruta, de seguir la luz, de fijar meta en cualquier Portal en el que haya calor y abrigo... Amigos míos, Magos todos: que encuentren esa feliz Navidad, que nos encontremos en ella *periodista Expansión |