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Lo primero, salvar al hombre Manuel de la Hera Pacheco* Es una especie de Babel lo que nos rodea; no hay forma de entenderse unos con otros a pesar de los mucho que se habla. O quizá sea por eso, porque mucho se habla de cualquier cosa y a todas horas sin que unos escuchen a los otros, sin que se reflexione en el silencio que necesita el entendimiento para llegar al fondo de cada cuestión. Vamos de acá para allá sin saber, con exactitud, hacia donde nos encaminamos. ¿Lo sabe quien nos encamina?. El hombre, (el ser humano, en general), está siendo asediado a todas horas y desde todos los ángulos posibles. No se le da cuartel en ningún momento. A una noticia le sucede otra de forma inmediata e igual ocurre con los comentarios u opiniones. Si se desea aclarar ideas, asistiendo a algún debate, no se consigue la luz deseada sino lo contrario, el aumento de la confusión. ¿Hay interés, entre los que debaten, por aceptar algunas de las razones que exponga el contrario?. No parece que sea así. Cada uno de ellos es como roca que no oye. El encastillamiento de cada cual en algún lugar de esa Babel se mantiene, a pesar de que la evolución de los acontecimientos - de la realidad de la vida - obliga, cuando menos, a pensar con detenimiento a todo ser humano, ya que cada cual es responsable de cada una de las manifestaciones de su ser. El hombre tiene obligación de huir de esa Babel que lo tiene aprisionado o, cuando menos, disminuido en su capacidad de pensar para encontrar la verdad y obrar en justicia. Lo primero, que el hombre se salve de ese acoso; que sea libre de verdad. Nunca es tarde para salir de esa Babel; para alejarla de la necesidad que el hombre tiene de actuar con arreglo a la razón y amor a la justicia, en la relación con toda otra persona y la sociedad misma. Cuando el hombre se decide a escuchar lo que su conciencia le dice se anula el vocerío que llega de un lado y otro. La serenidad del hombre libre vuelve a él. Nos hemos acostumbrado, en general, a que nos den las cosas hechas; quizá porque el sistema de vida adoptado nos lleva a ello, como una de las soluciones posibles; pero hay que saber elegir y, además, sin perder el dominio de la situación en ningún momento, pues ello sería perder nuestra libertad personal en esa ocasión, en la que puede ocurrir de todo. Es sumamente importante lo que cada ser humano es y por eso no hay que bajar la guardia en la defensa de su propio ser y de su misión en la vida, que ha de procurar cumplirla por sí mismo, con pleno uso de su libertad personal. Es una misión sumamente importante, la que ha de llevar a cabo cada cual y esa es la que, en definitiva, le dignificará. Esas tremendas corrientes que arrastran a los hombres, en torno a esa Babel que nos rodea, sólo pueden ser vencidas por el esfuerzo personal, basado en el firme deseo de ser libres por amor a la verdad. Lo primero, salvar al hombre, ayudándole a conocer la verdad. *Marino de guerra.- Cádiz |