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Educar en la paz Fernando de Santiago* Es de agradecer a la Consejería de Educación su preocupación por atajar la violencia existente en nuestra sociedad, en nuestra ciudad, a través de cursillos como el de “Convivencia y Paz”. El otro día, como padre invitado, asistía a uno de ellos. El ponente, Rafael Mesa, nos hablaba del adecuado uso de la TV. Como la televisión forma parte de nuestra vida cotidiana, es un error prohibir a los hijos que la vean, ya que será inevitable que lo hagan en casa de los amigos o a escondidas. Lo mejor es acostumbrarles desde muy pequeños a seleccionar, a que disciernan lo que les ayuda o perjudica, y a saber usarla con racionalidad, mesura y criterio. Hoy día, es parte fundamental de la educación y formación integral de los hijos, que debería afrontar familia y escuela conjuntamente. Y es que en los programas de ficción se desarrolla muy pobremente la realidad. No sólo se presenta ésta de forma distorsionada, en conceptos y situaciones, sino que a menudo es claramente falsa. Por ejemplo, en una pelea el protagonista recibe un sinfín de patadas en el estómago sin que pase gran cosa; en la realidad, uno sola patada de ésas le hubiera llevado al hospital. Fantasía y realidad están muy mezcladas y es difícil distinguirlas. El mundo se presenta como un cúmulo de acciones violentas, en las que hasta los “buenos” deben recurrir a ella. En la televisión, la violencia se multiplica por diez. No se habla nunca de la labor callada y abnegada de muchas personas que hacen el bien a sus semejantes. Por otra parte, el niño se acostumbra a la brutalidad y la ve como un ingrediente corriente, normal, de nuestra sociedad, cuando nunca lo será. Muchos contenidos "enseñan" la violencia, son una escuela de cómo matar, cómo vengarse, cómo extorsionar, incluso en sus detalles más repulsivos. Si queremos, los padres podemos ver la tele con nuestros hijos a fin de realizarles los comentarios oportunos y darles criterios. Eso es mejor que usar la tele como “niñera” o poner al niño un televisor en su dormitorio: ésta última es precisamente la forma más adecuada para fomentarle el egoísmo, la pereza para hacer los deberes o mermar sus horas de sueño tan necesario a esas edades. *Orientador Familiar (Granada) |