Ahí Queda Eso: Regalos, Belenes y Villancicos

 José Luis Mota Garay*

Es curioso el duelo planteado en estas semanas previas a la Navidad: por un lado la publicidad -sobre todo en la tele- de múltiples regalos, productos alimenticios y bebidas, que para rematarlo termina sus informativos con recetas de cocina o platos sofisticados. Y frente a todo eso, al final del Telediario suele aparecer algún representante de la Asociación de consumidores, con cierto aire de derrotado, pero como persona que tiene que cumplir su deber, haciendo ver a espectador dónde le pueden “dar gato por liebre”, para que no se deje engañar.

Los regalos son una expresión material del aprecio, y, algunas veces, manifestación del agradecimiento; pero si no van acompañados del cariño de poco sirven. Hacerse regalos en la fiestas de año nuevo, es una costumbre muy antigua que se tenía en Roma, estrenas –les llamaban-, y que los cristianos adoptaron, pero con el simbolismo de que era el Niño Jesús quien traía los regalos. Los protestantes sustituyeron esa figuración por la de San Nicolás; que más adelante fue sustituido, y comercializado, como Papa Noel. Y en España e Italia (Befana) por los Reyes Magos.  Debido a la proliferación de pequeños Papas Noel colgados de los balcones, la plataforma digital “Hazteoir” han lanzado “el proyecto Feliz Navidad”, para llenar los balcones con algún otro simbolismo, menos mercantil y más navideño: “las balconeras”, en las que haya una representación la Sagrada Familia o del Niño Jesús.

Parece que el mejor medio para tener en cuenta y recordar durante esos días el sentido de la Navidad es el belén o nacimiento, idea que inició San Francisco de Asís, en el siglo XIII, y que propagaron sus discípulos, los franciscanos;  para que se pusieran en las Iglesias y en las casas. A la vez proliferaron los villancicos, canciones sencillas y populares, para cantar alrededor del belén. Cuando se cantaban en grupo, y por las calles de pueblos y aldeas, se detenían en algunos puntos donde les daban unos dulces o “el aguinaldo”.

El árbol de Navidad, que es un abeto (Picea excelsa) del Norte de Europa, también es un símbolo religioso, pues representa la cruz en la que murió Jesús; además, en los lugares en que hay árbol el pesebre se suele poner cerca. Por eso es explicable que cuando los regalos los trae el Niño Jesús aparezcan colgados en el árbol. Ya se ve entonces que belenes o nacimientos, villancicos, regalos y fiesta están muy unidos. Pero los regalos no pueden acaparar el sentido de la Navidad; el exceso de gastos oculta lo que se celebra  la venida de Jesús, e incluso oscurece lo que viene a recordar: la sencillez de su nacimiento, la austeridad por hacerlo en un establo, la alegría de que es el Hijo de Dios el que se ha hecho hombre. Por eso, el belén o el portal, colocado en un buen lugar de la casa, también en los escaparates, y los villancicos nos ayudan para que recordemos el Misterio y levantemos el corazón a Padre Dios.

 

*Biólogo y periodista

 En Canarias 7:  17.XII.07