La Luz en el camino: Para vivir mejorFernando Lorente, o.h.*Aprender, con responsabilidad personal, lo que es Adviento. Que es lo mismo que creer y esperar en el Adviento cristiano. Para ello nos debemos interrogar con toda nobleza: ¿vivimos o consumimos el tiempo de nuestra existencia? Los hay que viven pendientes del pasado. Cuentan y no acaban, paladean sus recuerdos, nada de lo que ocurre les interesa. Son los nostálgicos que no pueden poner el corazón en lo que hacen, porque ya no lo tienen, se les quedó prendido en lo que vivieron. Otros viven exclusivamente vueltos hacia el futuro. Para éstos no cuenta el pasado, ni siquiera el presente. Despegados de cuanto les rodea, corren permanentemente tras incansables metas. Son los soñadores. A éstos tampoco les queda corazón para vivir el presente, lo tienen hipotecado por sus sueños. Otros, hartos de escuchar batallitas del pasado y temerosos de su futuro, que se les presenta negro, se entregan obsesivamente al momento presente. Lo suyo es el hoy, el ahora; pasan de todo lo demás. Que no les vengan con monsergas de reflexión, de prepararse para algo, de comprometerse a medio o a largo plazo, de grandes relatos que den sentido a la historia. Son los hijos desencantados de esta sociedad consumista. Viven, eso sí, ¡a tope! la provisionalidad. De ninguna de estas tres maneras es posible vivir. Necesitamos del pasado; pero no para quedarnos en él, sino para extraer de él la savia para seguir creciendo. Necesitamos también del futuro, de una manera que nos llame, que anime nuestras largas horas de trabajo y de lucha, que impida que nuestros pasos se pierdan en un laberinto sin sentido. Pero también necesitamos pisar firme el presente; un presente maduro y consciente, preñado de futuro, pero hijo, al mismo tiempo, de cuantos hicieron posible que hoy seamos lo que somos. ¿Cómo vivir mejor cristianamente? Jesús es el "sí" de las promesas de Dios a su pueblo. Cuando miramos hacia atrás desde el hoy de Jesús, vemos una línea constante de presencia salvadora de Dios en nuestra historia. Un Dios cada vez más cercano, con una Palabra cada vez más clara, más concreta: hasta hacerla carne de nuestra carne. Para los cristianos, el pasado es una fuente de acción de gracias al Padre, cuyo amor nos ha ido manteniendo, orientando, perdonando. No podemos convertir esta tienda de campaña de nuestra existencia en una casa permanente. La historia del mundo no puede quedarse a medio camino. Llegará un día en el que el Reino de Cristo será una espléndida realidad. El mal será definitivamente acorralado y vencido. La bondad será universalmente reconocida y la verdad no tendrá ya que esconderse por los rincones de este mundo nuestro. Habrá premio y castigo. Y esa venida del Hijo del Hombre despierta en el cristiano, desde ahora, una virtud que sabe a gloria: la esperanza. Es aquí, en el presente, donde se decide nuestra suerte. Quien ha comprendido y agradecido la acción salvadora de Dios en todo su pasado, quien espera la venida del Hijo del Hombre al final de cada historia y de toda la historia, no tiene más remedio que poner manos a la obra para continuar, aquí y hoy, la construcción de ese Reino de Dios que puso en marcha Jesús. Para ello, hay que ir llenando el mundo de amor, de mucho amor, de esa manera nueva de vivir que Él inauguró, esto es, comenzar y vivir Adviento: hacer, en el tiempo, un acto de fe y esperanza. Y aquí, el tiempo se mide generalmente por Cristo. Un acontecimiento histórico se enmarca en una fecha que está "antes" de Cristo o "después" de su nacimiento. Pero la línea divisoria de ese "antes" o ese "después" está marcada, más que por la geografía o la historia que pasa por el campo del propio corazón con estas dos manifestaciones completamente opuestas: o vivir para el egoísmo, que es vivir apartado de Cristo; o vivir para el amor, que es vivir entregado totalmente a Cristo, que es donde está el auténtico Adviento y el camino más seguro para vivir mejor la verdadera Navidad.
* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios |